CERRADURA NÚMERO DOS: EL MISTERIO DEL LIBRO SELLADO

¿Recuerdas nuestra LLAVE NÚMERO DOS: Haciendo latente lo invisible? Hablamos sobre cómo se revelaban las fotografías antiguamente: Un film, (un negativo) se colocaba en una disolución especial, el revelador, y algún tiempo después, la fotografía empezaba a emerger. Al principio aparecían los contornos y después los finos detalles de la imagen, al final surgía la fotografía completa. De hecho, este era el propósito del revelador: hacer que la imagen latente fuese visible.

Todo este proceso era absolutamente fascinante: Por una parte, la imagen ya estaba ahí –existía ya por entero, perfectamente impresa en el negativo, el complejo proceso químico no le cambiaba ni añadía nada– simplemente lo revelaba, lo mostraba, hacía aparecer lo que ya estaba ahí. Sin embargo, por otra parte, aunque solo en este punto nos separaba de poder ver lo que estaba impreso en la fotografía, sin este paso, sin revelar el film, nunca podríamos descubrir lo que había grabado allí: hasta que el revelador no hiciera su función, la imagen latente permanecía invisible.

Hoy utilizaremos esta llave para abrir la CERRADURA NÚMERO DOS: El misterio del libro sellado y sin sellar. Empezaremos con las palabras de Isaías que han causado problemas en mi corazón durante muchos años:

Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: «lee esto ahora»; él dirá: «no puedo, porque está sellado». Y si se le diere el libro al que no sabe leer, diciendo: «lee ahora esto»; él diría: «no se leer».[1]

¿Cuál es el libro del que habla el profeta? Aquí no estamos tratando sobre una profecía en particular, se nos habla de la visión completa (hazut hakol), acerca del cuadro global, de una visión y entendiendo todo lo que Dios ha hecho y está haciendo en la historia de la humanidad. Creo que Isaías habla sobre el mismísimo ‘libro’ sellado que vemos en el Capítulo 5 del Libro del Apocalipsis:

Y vi en su mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera sellado con siete sellos. Vi un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: «¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?» Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aún mirarlo. Y yo lloraba mucho porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, de leerlo, ni de mirarlo.[2]

Alguien podría decir que este paralelismo es muy arriesgado –que estos dos libros son completamente diferentes y no hay conexión entre ellos–. Sin embargo, cuando Daniel habla de otro libro: «Tú Daniel, cierra tus palabras, sella el libro hasta el tiempo del fin«.[3] Aquí no hay duda de que el sellar el libro de Daniel, igual que quitar el sello del Libro del Apocalipsis, viene completamente en un contexto profético. ¿Nos atreveríamos a decir que el libro sellado de Isaías no tiene conexión con estos dos libros proféticos? Estoy completamente convencida de que los tres libros no solo están relacionados, sino que son el único y mismo libro de los planes finales de Dios para la humanidad, revelados en una visión a Daniel, como sellados por Dios, y mostrados a Juan en una visión como el libro abierto por Yeshua.

Por lo tanto, vemos este libro cerrado, este pergamino sellado del plan de Dios, y que es entregado a uno que sabiendo leer, le dicen: «lee esto, por favor». Y él dice: «no puedo, está sellado». He meditado mucho sobre este extraño cuadro: ¿Quién es el que sabe leer, pero por alguna razón recibe este libro sellado?  Creo que hoy, quien sabe leer es Israel: Nuestro pueblo no solo sabe lo concerniente al Tanach –las Escrituras hebreas, la Palabra de Dios– sino que también es capaz de leer el manuscrito de Dios en la historia. Se nos enseñó a reconocer a Dios, Su firma y el desarrollo de Su plan en los eventos que nos rodean. Y al parecer, ¿quién más debería leer este libro, sino el que sabe leer y escribir? Pero de eso trata el tema: específicamente para los letrados, el libro está sellado. Tal como leemos en el profeta Daniel, está sellado por el mismo Dios, o al menos por orden de Él, y como leemos en el libro de Apocalipsis, solo puede ser abierto por Dios. En Apocalipsis se nos dice con perfecta claridad que el Único que puede quitar los sellos, el Único que ‘es digno’ de quitar el sello de este Libro: Pero uno de los ancianos me dijo: «no llores, he aquí el León de la tribu de Judá, de la estirpe de David, ha prevalecido para abrir el pergamino y quitar los siete sellos».[4] Y tan pronto como Él quita los sellos y abre el Libro, el sabio es capaz ahora de leer este libro. Una vez que el sello es quitado –aunque nada nuevo es añadido a este libro, todo lo que existió latentemente antes, ahora es revelado por primera vez, llegando a ser visible y aparente. Muy parecido a nuestro ejemplo del revelado fotográfico del film –por eso es que necesitamos esta llave para abrir el misterio–.

Recuerdas las palabras exactas de nuestra segunda llave: Es cosa de Dios hacer visible la imagen latente. Es muy importante entender que para nuestro pueblo, no era su elección ni su decisión: El libro está sellado, y solo cuando el sello sea abierto, podrá ser leído. Una vez más mencionamos al Apóstol Pablo –Rabino Saúl–: como ya sabemos, él estudió la Torá y las Escrituras toda su vida e incuestionablemente había sido letrado antes de su encuentro con Yeshua. Sin embargo, hasta que el mismo Yeshua quitó los sellos para él, Saúl no pudo leer el pergamino. Cuando Yeshua apareció y se le reveló a Sí mismo, cuando el sello fue quitado, solo entonces fue capaz de leerlo. Nada fue añadido o cambiado en el texto, ningún escrito o documento le cayó a Saúl del cielo. Fueron las mismas Escrituras, el mismo Tanach que él había leído toda su vida, pero que no había visto, entendido y leído bajo una nueva luz. Ahora era capaz de leer el Libro de Dios, este Libro había sido abierto para él. En el momento en que Su mano soberana quitó los sellos, el entendido y el ignorante por igual, no podían dejar de leer y ver la imagen latente que ahora era visible: El Mesías, que siempre había estado allí y quien es revelado y visto ahora en la página de este Libro, sin cambio alguno en su texto.

 

[1] Isaías 29:11-12

[2] Apocalipsis 5:1-4

[3] Daniel 12:4

[4] Apocalipsis 5:5

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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