HISTORIAS DE LA BIBLIA QUE NO CONOCES: DOS REYES

No dudo que la mayoría de mis lectores han sido estudiantes de la Biblia durante mucho tiempo, y conocen su Biblia muy bien. Aún y así, me siento segura respecto al título de esta nueva serie que comienzo ahora. Hace años, cuando leí por primera vez la porción de la Torá Noah en hebreo, tuve que mirar y remirar entre el hebreo y la traducción, para estar segura de que estaba leyendo los mismos capítulos –me parecía que era una historia completamente distinta–. Hay muchas historias así en la Torá: cuando las leemos en hebreo (o al menos entendiendo algo de hebreo) parecen casi irreconocibles. Y no estoy hablando sobre esas porciones de las Escrituras que obviamente están relacionadas con el hebreo, como por ejemplo, el versículo sobre los Nephilim en Génesis 6: todos entienden que si aquí miramos en el hebreo, definitivamente nos ayudará y pondrá algo en claro. No, estoy hablando sobre historias donde el lector es completamente inconsciente de las cosas que se pierden en la traducción. Hoy compartiré estos ejemplos con vosotros.

Nuestra historia ocurre en Génesis 14, pero para entender los eventos de este capítulo, necesitamos comenzar antes. Al final de Génesis 11, leemos que Harán, hermano de Abraham, murió de muerte prematura, dejando huérfano a su hijo Lot. ¿Fue Lot un niñito dulce, un adolescente amargado, o un joven ya crecido con familia propia cuando falleció su padre? ¿Fue en ese momento de duelo y dolor cuando Lot formó esa relación especial con su tío Abraham? ¿Había llegado a ser Abraham casi como un padre para su sobrino huérfano? ¿Había llegado Lot a ser casi como un hijo para su tío que no tenía hijos? No podemos saber con certeza cuándo y cómo sucedió, pero verdaderamente, sucedió en algún punto; de otra forma, no hay explicación para esas simples palabras: Así pues, partió Abrám tal como le dijo el Señor, y Lot fue con él Tomó entonces a Sarah su mujer y a Lot el hijo de su hermano…[1] Cuando Abrám salió de Canaán en completa obediencia al llamado de Dios, él estuvo listo para abandonarlo todo y a todos. Cogió solo lo que le pertenecía a él –y su sobrino Lot pertenecía a ese grupo “propio” de Abrám–. Aún más, no solo deseaba Abrám llevarle con él, sino que Lot mismo deseaba dejarlo todo y seguir a su tío hacia una tierra completamente desconocida.

En el capítulo 13, una vez que Abrám regresa de Egipto, tío y sobrino se separan. Génesis 13:6 describe el momento donde parten: Y la tierra no era suficiente para que habitaran juntos.[2] Cierto, se refiere a sus posesiones como siendo tan enormes que ellos no pudiesen habitar juntos, pero de alguna forma el lector tiene la sensación de que había algo más que este conflicto de compartir la tierra. Yo creo, Abrám exhausto de sus batallas sin fin, al final se rindió y dio con dolor de corazón a su “casi hijo”: «Por favor, que no haya peleas entre tú y yo, ni entre mis pastores y los tuyos; porque somos hermanosPor favor, separémonos…«[3]

Muy pronto, Lot se vio metido en problemas. El problema sucede en el mismo capítulo cuando los reyes vecinos hicieron la guerra con… (el) rey de Sodoma y también prendieron a Lot… y marchó.[4] El capítulo 14 no nos dice cómo se sintió Abraham cuando supo que a su sobrino lo habían hecho cautivo, tampoco dicen los capítulos 12, 13, o 22 cuales fueron sus sentimientos. En su lugar, vemos que persiguió a los culpables hasta Dan, en el norte, a casi 300 kilómetros de Sodoma; que aplastó a los enemigos en Hobah, al norte de Damasco; que liberó a su sobrino y recuperó las posesiones de Lot; y que hizo todo esto con 318 de sus sirvientes (que le sirvieron como soldados en esta batalla, aunque verdaderamente no estaban preparados como soldados). Un oso enfadado protegiendo a su cachorro es capaz de cualquier cosa, y parece ser que los hechos de Abrám que nosotros vemos aquí, pertenecen a esta misma categoría.

Hasta donde sabemos, Abraham era un hombre muy pacífico. No le vemos metido en batallas como a David. De hecho, esta es la única vez que leemos de él yendo a la guerra. Esto dice mucho de él, porque incluso no era su guerra; muy fácilmente hubiera podido quedarse en su casa. En vez de eso, se levantó y recorrió los 300 kilómetros para rescatar a Lot, con todos los cautivos y sus posesiones. Debía haber sido un regreso triunfal, desde luego. Los cautivos rescatados estaban llenos de gozo; Abrám mismo estaba profundamente agradecido a Dios por esta milagrosa victoria; y ¿con quién se encuentra, en ese victorioso momento?

Aquí, al final del capítulo 14, que es donde empieza nuestra historia –una historia que probablemente habrás leído muchas veces, pero que podría ser que la encuentres hoy como una historia nueva–. Un lector cristiano conoce este episodio como “Abrám y Melquisedek”, (incluso muchas Biblias inglesas insertan este título antes de los versículos 18-20 de Génesis 14) –pero aquí efectivamente en el Valle de Shaveh– (lo que es, el Valle de los Reyes [5]), no uno, sino dos reyes se acercaron a Abrám: Bera, rey de Sodoma, le saluda en el versículo 17, y Melquisedek, rey de Salem que le ofrece pan y vino y le bendice en los versículos 18-20.

17 Y el rey de Sodoma salió a recibirle a Shaveh (que es el valle del rey), cuando volvía de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que con él estaban.

18 Entonces Melquisedek, rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo sacó pan y vino.

No uno, sino que hay dos reyes aquí –pero por alguna razón, efectivamente, junto con toda esta dramática tensión que hay en la situación, usualmente está pasado por alto–. ¿Qué representan estos dos reyes, con tan distintos valores, apareciendo juntos?

Esta historia gana mucha más claridad cuando leemos en hebreo, cuando el propio significado de las palabras hebreas nos brindan luz sobre lo que de verdad sucede aquí. El encuentro ocurre en el Valle de Shaveh, y la raíz hebrea שוה  (shaveh) tiene dos significados: igual o valor. Más aún, en hebreo tenemos una expresión: alcanzar el Valle de Shaveh,להגיע לעמק שווה –que significa “llegar a un compromiso”–. Los dos reyes se acercaron a Abrám simultáneamente porque es una prueba que Abrám ha de pasar. Sus ofrendas pudieron parecer casi iguales, pero Abrám debía escoger “la valiosa”. El nombre “Melquisedek” es una traducción del hebreo מַלְכִּי־צֶדֶֿק  (malki-tzedek), “mi rey es la justicia”. El nombre Bera: בֶּ-רַע significa “con maldad” o “en maldad”. Así pues, el hebreo deja en claro que es aquí en este valle, que Abraham fue probado y tentado a comprometerse con sus propios principios, su integridad –su fe–. Entre tanto, Melquisedek bendice a Abrám y al Dios Altísimo, asegurando que Abrám sepa que fue Dios quien “entregó a tus enemigos en tus manos”[6], el rey de Sodoma le ofrece una sutil tentación. Por suerte, Abrám reconoce la verdad y la autoridad de Melquisedek y rechaza la tentación de Bera –y así supera otra prueba de fe–.

 

[1] Génesis 12:4-5

[2] Génesis 13:6

[3] Génesis 13:8

[4] Génesis 14:2,12

[5] Génesis 14:17

[6] Génesis 14:20

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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